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Universidad de Sevilla

Investigando a baja temperatura

El profesor Ramón Risco lleva casi 20 años trabajando con su grupo de investigación en técnicas de criogenización. Ya han conseguido conservar con éxito células, tejidos e incluso algún organismo completo. Recalca que su disciplina aún está lejos de la imagen que muestra la ciencia-ficción, pero es optimista respecto a las posibilidades de este campo.

Actualmente se pueden criopreservar prácticamente todas las células de forma aislada y algunos tejidos. Excepcionalmente se ha conseguido que órganos de animales sobrevivan al proceso de criogenización, aunque esta operación es más complicada. La diferencia básica entre trabajar con células aisladas u otros elementos es el volumen, que plantea dos problemas: la aplicación del material anticongelante a todo el organismo objeto del proceso y la posterior transferencia del calor de forma homogénea a todos los tejidos que lo componen para devolverlo a su estado original.

 

“Teniendo en cuenta que la criopreservación está recién nacida y ya somos capaces de conservar células, tejidos e incluso algunos órganos, podemos pensar que de un órgano a un conjunto de órganos tampoco hay un gran salto”, señala el profesor Risco. El siguiente reto, frente al que se muestra optimista, es preservar cuerpos completos.

 

De hecho, su grupo ha conseguido ya conservar un ser vivo, un microorganismo en estadio adulto que, a pesar de su reducido tamaño, presenta en su interior diferentes tejidos y órganos. Hasta ahora, el índice de supervivencia de estos organismos al proceso de congelación era del 0%. El grupo del profesor Risco ha conseguido que esta cifra ronde actualmente el 100%. Otro de los hitos alcanzados por este grupo de investigación es el uso de la Tomografía Axial Computarizada (comúnmente conocida como TAC) para medir la cantidad de anticongelante que se aplica y la acumulación de hielo que se forma en los órganos que se pretenden conservar. Han patentado una tecnología que permite hacer un seguimiento en tiempo real del proceso de criopreservación de un órgano.

 

Todos estos resultados son fruto de una larga trayectoria investigadora. El profesor Risco inició su andadura en este campo en el año 2000, cuando esta disciplina apenas se había desarrollado. “Los ingenieros trabajan con la energía, con la materia, pero hay un concepto que entra al mismo nivel: el tiempo. Sin embargo, ellos no hacían ingeniería con el tiempo”, recuerda. “Todo esto empezó queriendo hacer ingeniería con ese concepto: viajar en el tiempo o detenerlo. Y me di cuenta de que los biólogos tenían la solución desde hace un siglo: el nitrógeno líquido, con el que conseguían parar el tiempo biológico”.

 

En las últimas dos décadas han ido pasando por el grupo decenas de estudiantes e investigadores que se han formado en esta disciplina. Actualmente, la decena de integrantes del grupo trabaja en diversos proyectos para perfeccionar el proceso de criopreservación y darle una aplicación práctica.  Uno de ellos es la conservación de tejidos naturales y artificiales, entre los que destaca la conservación  de tejido ovárico para pacientes de oncología. De forma paralela se están desarrollando sistemas de criopreservación de embriones y óvulos. También trabajan en resolver otro de los grandes retos en el proceso: la fase de recalentamiento. Por ello, están trabajando en realizar este proceso utilizando energía electromagnética.

Caenorhabditis elegans

Uno de los grandes logros de este grupo de investigación es haber preservado un organismo vivo completo. Se trata del Caenorhabditis elegans, un gusano microscópico que, a pesar de su pequeño tamaño, cuenta con estómago, gónadas y otros órganos. Este avance abre una puerta a la posibilidad de desarrollar el mismo proceso con seres vivos más grandes y complejos.

 

Este reportaje está disponible en el número 40 de la Revista US.

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