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Universidad de Sevilla

Aula de la Experiencia

19/06/2017
Es una gran familia unida por la ilusión de seguir aprendiendo con un toque de frescura y diversión. Nada se les resiste y su inquietud y ganas de aprender son tan grandes que se atreven con el teatro y la fotografía. Estos alumnos enriquecen las aulas de la Universidad de Sevilla y sin lugar a dudas son un ejemplo a seguir.

María del Pilar Bobadilla

“Soy  alumna del Aula de la Experiencia desde hace cinco años. El curso pasado me gradué  en un acto grandioso y emotivo presidido por representantes institucionales y autoridades,  alumnado, amigos y familiares. Cuando comencé en el Aula aún trabajaba en una profesión grandiosa, que tanto me ha aportado y a la que tanto he dado (matrona). Siendo madre, matrona y ama de casa, y a las puertas del vuelo de los hijos y próximo a mi jubilación profesional, decidí dedicarme a seguir aprendiendo.

Por eso me matriculé en el Aula. Llegué despistada, sola, no conocía a nadie, era  una novata. Eso duro poco, enseguida me rodeé de grandes compañeros, algunos hoy amigos, con los que he compartido un viaje nuevo. El Aula no es solo asistir a clase, es mucho más. Nos imparten las clases profesores de la US, abarcando todas las ramas del conocimiento, y con asignaturas apasionantes de las que nunca hubiera podido imaginar tener conocimientos. He aprendido muchísimo y me ha despertado el interés de saber cada día más.

El Aula es inagotable, tiene grupos de lecturas compartidas, grupos de investigación, grupo de teatro y flamenco, talleres, charlas magistrales, cine fórum, una asociación que promueve visitas culturales, senderismos, cenas y viajes. He tenido la experiencia de ser una alumna muy participativa  y de ser delegada de mi clase, formar y ser la coordinadora de un grupo de lectura (Ágora), así como la representante de todos los delegados del Aula. Mientras Dios me lo permita seguiré en el Aula, seguiré aprendiendo y disfrutando. Todos los alumnos somos unos privilegiados. Soy una feliz jubilada, en parte gracias al Aula de la Experiencia. Así lo digo porque es lo que vivo y siento”.

 

María José Lasheras:


“Yo no solo no fui a la Universidad, sino que apenas fue a la escuela. Mi deseo hubiera sido terminar mis estudios, pero ya la historia nos ha dicho lo duro que fue la posguerra en España. Así que cuando la Universidad de Sevilla impulsó el Aula de la Experiencia  en 1996  me faltó tiempo para acudir a matricularme y, aunque yo aún estaba en activo, las tardes las tenía libres.

Mi experiencia es interminable.  ¡Cuántas cosas aprendí que yo no sabía! En Literatura, ¡Dios mío que desconocimiento!, leí mucho; qué cantidad de escritores fui conociendo y descubriendo esa forma de transmitir con sencillas palabras. Aprendí música, cine, matemáticas, historia, filosofía.
Pasado los tres años que por entonces duraba el Aula, los alumnos, la mayoría mujeres de una edad aproximada y que nunca pudimos ir a la Universidad, decidimos  pedir ayuda a las instituciones del momento con esta frase: ¿Y después qué?

No queríamos dejar de aprender, habíamos descubierto lo poco que sabíamos a pesar de nuestros años. Nos dieron la posibilidad de acudir a distintas facultades, a las  asignaturas que más nos gustaran.

Posteriormente se creó un cuarto curso del que sólo estudié una primera parte. Creamos la Asociación, sacamos una revista donde sólo escribíamos los alumnos, en un papel fotocopiado y poniendo nosotros el dinero para ello, fue muy enriquecedor. Estuve unos años ausente por la enfermedad de mi marido, pero el año pasado me matriculé en dos seminarios. Y este curso me matriculo en aquella segunda parte que me  falta del cuarto curso.
Doy las gracias al Aula de la Experiencia y los que siguen enseñado a estas persona que hoy pasamos de los 70  años, pero que aún tenemos muchas inquietudes y que hemos descubierto lo poco que sabemos a pesar de nuestra edad”. Gracias.

 

Emilio Angulo:


“Soy alumno del Aula de la Experiencia desde el curso 2011/12 ininterrumpidamente. Madrileño de nacimiento y sevillano de adopción, estoy felizmente casado, sin hijos, tengo 69 años y disfruto de una condición física y mental más que aceptable para mi edad. Cursé la carrera de Ingeniero Técnico Aeronáutico en la Universidad Complutense de Madrid y como tal trabaje en la empresa española C.A.S.A. (Construcciones Aeronáuticas Sociedad Anónima), primero en Madrid y luego en Sevilla hasta mi jubilación, cuando la empresa había evolucionado a ser un consorcio europeo EADS-CASA. En la actualidad AIRBUS.

Recuerdo que fueron dos las razones por las que decidí matricularme en el Aula de la Experiencia de la US. Una de ellas, la curiosidad de qué podía ofrecerme el Aula; la otra, seguramente más importante para mí que la anterior y complementaria, encontrar alguna actividad en que pudiera ocupar las tardes porque después de más de un año de las tardes me resultaban cada vez más tediosas.

Así, en septiembre del 2011, me matriculé con cierto escepticismo en “Primero B”; clases de lunes a jueves en horario de 19:00 a 21:00 horas, más interesado por el horario que por las materias que integraban este trayecto.

El interés que me llevó al Aula de la Experiencia estaba bastante al margen de los objetivos, para mí entonces desconocidos por ignorados, de este Proyecto Universitario.  Un programa de desarrollo científico-cultural y social dirigido a promover la ciencia y la cultura, al mismo tiempo que las relaciones generacionales e intergeneracionales, para mejorar la calidad de vida de las personas mayores y fomentar la participación de éstas en su contexto como dinamizadores sociales.

Si, como he indicado, dos fueron las razones que me llevaron al Aula, también son dos las primeras impresiones, gratas impresiones, que recuerdo y conservo. Una, disponer de un carnet que me acreditaba como alumno universitario y me permitía el acceso a servicios universitarios. Otra, mi primer día de clase. Recuerdo de aquel día coincidir al llegar al Instituto Murillo con un más que nutrido grupo de hombres y mujeres, todos maduros, todos alumnos del Aula de la Experiencia, entrando y saliendo del edificio del Murillo componiendo un paisaje bullicioso, vitalista, dinámico, lleno de conversaciones, saludos y sonrisas, pleno de vida en suma, y apartado, muy apartado, de la estereotipada imagen de la ‘persona mayor’.

Recuerdo mis primeros días de clase, comencé a conocer el Aula y empecé a descubrir alguno de los motivos del bullicio a las puertas del Murillo, uno de ellos el cuadro de profesores. Recuerdo, con agrado y gratitud, a la mayoría de los profesores que he tenido durante los seis años de mi permanencia en el Aula, excelentes docentes de reconocido prestigio universitario, catedráticos eméritos y en funciones de la US, y también profesores en activo, todos comprometidos con el proyecto del Aula e intensamente dedicados a éste; respetuosos y considerados con los alumnos, orgullosos de su condición de profesores del Aula de la Experiencia. Su docencia participativa y la sabia exposición de los temas me mantenía interesado. Preguntábamos, opinábamos, reclamábamos apuntes, atendíamos las  recomendaciones bibliográficas, etc. Las clases resultaban tan atractivas que en numerosas ocasiones aplaudíamos a su finalización. Recuerdo que estábamos tan ‘enganchados’ con el Aula que en los fines de semana, y en las vacaciones, añorábamos a los compañeros y a las clases.

Uno de los regalos que el Aula me hizo fue impulsar un interesantísimo proyecto de creación de Grupos de Lectura Compartida y Escritura alentando además su continuidad. Tengo la satisfacción de coordinar uno de ellos, CATON XXI . Las Jornadas de Iniciación a la Investigación también forman parte de los gratos recuerdos que conservo de mi estancia en el Aula. Desde la Dirección de Aula se estimuló, como una actividad universitaria, el trabajo de investigación entre los alumnos apoyados por los profesores. Tuve la suerte de contar con la tutoría de José Sánchez Herrero para un trabajo de investigación sobre los Concilios de Toledo III y IV. También conté con la magistral tutoría de Felicidad Loscertales  en una investigación sobre los estereotipos masculino y femenino a través del humor de Antonio Mingote.

Seguramente en estas jornadas se encuentre el germen de Scriptorium Isidori Hispalensis, único grupo universitario de investigación vinculado al Aula de la Experiencia, dirigido por José Sánchez Herrero al cual tengo el privilegio de pertenecer.


He querido dejar para el final una interesantísima faceta del Aula. En sus clases, además de la enseñanza, entramos en contacto con  magníficas persona de edades similares, gustos e intereses comunes, vivencias conocidas.  De forma natural se establecen relaciones de amistad y afecto, que se van consolidando en los sucesivos cursos”.
 

Pascual Muñoz:


“Me matriculé en el Aula en el Curso 2005-2006 y soy por tanto de la décima promoción, habiendo conocido a los cuatro directores que hasta el momento ha tenido.
En mi caso, dada mi formación universitaria en ciencias y posteriores años de trabajo que me tuvieron alejado de la posibilidad de estudios paralelos, echaba en falta una formación en humanidades, sintiéndome poco preparado en asignaturas de Historia, Derecho, Filosofía, Artes, Literatura etcétera. En ese aspecto, mi experiencia no pudo ser más positiva.
Además, como alumno del primer plan de estudios del Aula, al terminar los tres cursos de los que constaba, tuve la oportunidad de matricularme en asignaturas sueltas en las facultades de Periodismo, Comunicación, Filología e Historia, y el compartir aula con alumnos jóvenes que cursaban las respectivas carreras, tuvo para mí un interés adicional con el que no contaba, pero que me enriqueció extraordinariamente al poder pulsar de cerca la situación universitaria actual y los problemas de las nuevas generaciones.

Al ponerse en marcha el Segundo Plan del Aula, me reintegré a la misma para terminar el cuarto curso.  Hay no obstante algo que, si en el comienzo no supuso un gran aliciente para mí, según pasaron los años se fue convirtiendo en un elemento vital: las relaciones de amistad.

Puedo dar fe de muchos testimonios de compañeros en situación de soledad por los avatares de la vida y el Aula de la Experiencia les ha salvado la vida. No son palabras vacías de contenido, sino una gran realidad. Por tanto, puedo afirmar sin ningún tipo de reserva que, al margen del aspecto docente, el Aula tiene un componente  de primerísimo orden y muy necesario en nuestra actual sociedad. Ese es mi testimonio de lo que todos los días observo en mi entorno.

Quiero  también destacar el extraordinario nivel del profesorado adscrito al Aula, bien en las clases regulares o en los Talleres y Seminarios, con una entrega total y absoluta, al margen de sus méritos académicos. Se nos permiten iniciativas para que todos los que tenemos especial inclinación natural por algo, nos involucremos con el Aula de forma muy estrecha, haciéndola sentir como nuestra propia, como es mi caso personal.

En un momento en que pensamos que los alumnos que habíamos compartido la décima promoción nos íbamos a dispersar, y viendo la importancia que el contacto representaba para muchas situaciones de soledad en nuestro entorno, un pequeño grupo decidimos no permitirlo y creamos núcleos de interés común, donde no existían.

De esa forma,  fuimos introduciendo a los compañeros, por ejemplo en el amor a la música y a otras manifestaciones culturales que nos permiten seguir compartiendo experiencias. Creamos un blog, como punto de unión, que nos permite asistir en grupo  a los conciertos promovidos por el CICUS,  al Teatro de la Maestranza, a la  Iglesia de la Anunciación, conferencias etcétera.
Han pasado muchos años desde que ‘La Décima ‘(como llamamos a nuestro Grupo) tomó esta decisión, y es un orgullo verificar que incluso en estos momentos, seguimos matriculándonos en bloque en las mismas asignaturas.

 

 

Fuente: 
Dirección de Comunicación

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